Capitulo 2 … El Viento
Miles de millones de soldados, todo tipo de seres, espíritus y bestias reunidos por 5 principales razas, unidas en alianza por un bien común… la sobrevivencia de la vida como la conocían. Todos ahora sentían una melancolía que los unificaba en espíritu, todos anhelaban la paz y el viento cantaba su mejor canción para darles ánimos a todos los ejércitos sin distinción de raza alguna. Cosa que caracteriza al viento, él siempre será parte de todos uniéndonos con su triste y alegre melodía.
Había varios comentarios y dudas, pero la fría y cruel realidad era que solo había dos opciones, pelear y sobrevivir, morir y extinguirse. Los elementales tenían fe que dios regresaría a salvarlos, era cuestión de tiempo que encontrara la manera de salvarnos. Había Ángeles sin fe y los había con ella, mas todos estaban seguros dentro de sus seres, que dios no regresaría. Las bestias amaban las guerras, pero no amaban perderlas como ahora. Día tras día solo se perdían mas soldados, muerte y destrucción se había esparcido en todo el mundo. Existen pocos humanos con mente fuerte para resistir este impacto, sin embargo es la raza que no sobrevivirá por mucho tiempo. Los demonios solamente dicen estar aliados a los Ángeles, porque creen ser Ángeles desterrados del cielo, ellos dicen que todos son demonios ahora, unos de luz y otros de oscuridad.
-¿El problema?- cierra la puerta detrás de el
-… Ahora existe la traición en las entrañas de la alianza, uno de los humanos mas centrados y fuertes esta peleando contra la muerte, por tu culpa- Mirando hacia fuera através de la ventana.
-Hay Ángeles muriendo ahí afuera y ¿te preocupas por tu amado general?- Dice con voz cínica mientras camina a ella.
-Eso no te incumbe, ¿Es todo lo que te dedicaras a hacer? Mentir y hacer que las cosas empeoren ¿cierto?- Se quita la capucha que deja caer largos rizos pelirrojos y lo mira con un brillo de desdén en sus ojos plateados.
-Lo siento, yo...-
-¡Eres un príncipe! ¡Actúa como tal!, se responsable de tu gente-
-Se interpuso- Mira el suelo molesto.
-Entiendo...-
-Estaba tan cerca- Posa su intensa mirada en ella de nuevo.
-No tienes que explicarte, solo quería decirte eso...-se acerca a la puerta.
-No te vayas... -la toma de la muñeca.
-Mira…- Suspira -No te estoy culpando, nunca podrás entenderlo, porque nunca fuiste un verdadero ángel- Lo mira con desdén de nuevo, pues ella sabia que sus palabras lo lastimarían.
-Di lo que quieras, yo tengo mis razones- La mira fijamente.
-¡Sabes lo que causan tus malas decisiones! ¿Si quiera sabes lo difícil que es perder a alguien?
-Supongo que lo que me dolería perderte.-
-Suéltame por favor-
-No ¡escúchame!- La jala de la muñeca y la abraza- Se que ahora me odias...-
-No te odio, no soy como tú- Lo empuja y comienzan a brillarle los ojos de color verde olivo -...-
-Está bien- Camina hacia el sillón y se sienta con aire de frustración.
-Sabes que el que sea un humano, no nos da derecho a dejarlo solo...
-No, no te da derecho a ti -La interrumpe -Es solo que no entiendo, porque él es tan especial y...
-Estamos en una alianza ¿Cuándo vas a meterte eso en la cabeza? Espera… olvidaba que solo tienes cabeza para ti mismo.- Camina hacia la puerta.
-Escucha…- Antes de continuar, el sonido de la puerta al cerrarse frente a él lo deja pensativo.
Ahora la habitación había quedado en penumbra, resguardando unos ojos rojos llenos de ira pertenecientes a un príncipe frustrado, que no se inmutan al oír una fuerte voz llena de maldad.
-¡Se fue! increíble que te deje hablando ¿Cómo es que lo permites?- Lo dice una silueta con alas negras en la puerta abierta del balcón.
-¡Calla! no hables así de ella… Es solo que… ¡Maldición! Tiene tanta razón-Mira fijamente el piso, golpeando sus puños contra sus piernas.
-¡Mírate! no te había visto tan desgastado en todos estos siglos.- Se acerca jalando una silla para sentarse mostrando sus oscuras alas en el aire al sentarse.
-Lo se...-con voz tristemente baja después de un profundo suspiro.
-Pues parece que no, no cuidas de ti, solo la proteges, ve las heridas que tienes por culpa de ella. La ultima vez yo tuve que interferir para que no murieras.- Lo mira cínicamente.
-¡Es tu trabajo!-lo mira molesto – Además ¿Qué esperabas que hiciera? -
-Lo se, lo se, no es fácil ser tu guardaespaldas, me divierte pero insisto en que no debes descuidarte en estos momentos.-Mirando al techo con aire de enfado. –Ella no se preocupa por ti-
-¡No lo entiendes! -baja su tono de voz y toma una voz mas triste que la anterior- No sabes lo que siento por ella.
-No y ni quisiera descubrirlo-
-Creí que seria más fácil si el general moría-
-Es inútil… solamente empeoraste las cosas. Deberías quedarte brazos cruzados y ver como ella soluciona todo- haciendo una mueca torcida por sonrisa.
-¡Estoy harto de ti, lárgate!- lo mira con ira.
-Bien, pero no digas que no lo advertí.- En el aire, justo frente a el, desaparece sin dejar rastro alguno mas que la silla que estaba usando.
No solamente los humanos podían enamorarse, el Apocalipsis había llegado ¿Qué mas daba enamorarse de alguien que no corresponde? Es el único sueño que un demonio puede permitirse, pues ahora dios ya no existe. Pero aun que haya desaparecido el todo poderoso, sus corazones seguirán sangrando de las heridas que dejo ese pecado imborrable…en todos ellos… incluso después de la muerte.